Todos los sueños se cumplen
Siempre ha habido quien ha dicho esto, jurando como si todo en esta vida fuese posible, pero… ¿Es esto cierto?
Es absurdo el número de vídeos de motivación con los que nos topamos hoy en día. Incluso si acotamos la búsqueda a “motivación fútbol”, sigue siendo absurdo. ¿Quién antes de un partido no se ha puesto las charlas de Aragonés en la Euro de 2008? ¿O algún fragmento del Informe Robinson de cuando fuimos campeones? Te dicen “si de verdad lo quieres con todas tus fuerzas y lo peleas, y te esfuerzas como nadie, lo lograrás”.
Abres internet y miles de imágenes te dirán que los sueños se cumplen, que no importa lo que suceda, que sigues siendo perfecto tal y como eres. Incluso aparecerá un grupo de personas que, en vez de imágenes, utilizan vídeos para contarte que tienes que creértelo y repetirlo en tu mente; se denominan coaches. Me interesé por ellos, preguntándome qué estrategia seguían, porque vi diferencias. Algunos usaban un 4-3-3 clásico, otros un 4-4-2, menos un 3-5-2. Y todo esto para darme cuenta de que esos números no se referían a la formación utilizada, sino al precio de sus cursos.
Vender la idea de que los sueños se cumplen desde una posición de poder (cuando ya has conseguido tu objetivo y estás en lo más alto) es muy fácil. Eres el ídolo de gran parte de la juventud. ¿Qué vas a decir? ¿No lo intentes? Lo que podemos dar por sentado es que quien lo dice, habla desde una posición favorable.
Lo que pretendo decir con esto es que los micrófonos casi siempre están para el que gana, pero en pocas ocasiones para el que no. El que gana dirá que trabajó muy duro, y tendrá razón. Pero el que pierde, ¿trabajó menos duro?
Para tratar de entender por qué unas voces resuenan más que otras, nos remontaremos unos cuantos años atrás, más concretamente a 1942.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el mayor número de bajas de los bombarderos británicos y estadounidenses suponía un problema. Para solucionarlo, se creó un grupo de investigación que se percató de que los aviones regresaban con mayores daños en las alas, por lo que decidieron reforzarlas. Pero el investigador Abraham Wald llegó a otra conclusión: “Caballeros, hay que reforzar las zonas que no vuelven dañadas, pues ahí es donde fueron atacados los aviones que no regresaron”.
En la vida tendemos a fijarnos sobre esos aviones que sí regresan, estudiando las historias de los supervivientes que vuelven a contar cómo fue la batalla. Sin embargo, nadie mira detrás de la cortina para ver la cantidad de aviones que no regresaron. Y tal vez merezca la pena prestarle atención a esas historias también. Todo el mundo ha escuchado las historias de Cristiano o de Messi, pero pocos han oído hablar de todos los aviones que cayeron en combate.
Si bastara con desearlo y luchar con todas tus ganas, habría una sobrepoblación de futbolistas de gran nivel para los que no habría hueco. Y es que vivimos en un mundo cruel, en el que el sacrificio, la dedicación y el trabajo, en la gran mayoría de ocasiones, no llevan al éxito.
Pero entonces, ¿cómo de complicado es llegar a ser profesional en España?
Según un informe de la FIFA de 2023: «Un profesional es un jugador que tiene un contrato por escrito con un club y percibe por su actividad futbolística una cantidad superior a los gastos en los que realmente incurre». Es decir, que cobra más de lo que gasta en jugar, lo cual está lejos de permitirte vivir de ello.
España cuenta con 8.560 de estos profesionales, de los que más de la mitad no llegarán a tener gran éxito. La otra mitad se dividen entre ligas semi-profesionales, como 1ª, 2ª y 3ª RFEF, donde un sueldo mínimo de 25.000€ anuales está únicamente garantizado en la primera, y LaLiga y Segunda, donde el sueldo mínimo ya supera los 98.000€.
Según datos del CSD, en 2023 había 1.140.658 federados jugando al fútbol.
Siendo justos con la estadística, y aunque son la base que algún día llegará a competir por un puesto, debemos apartar las categorías inferiores, que suponen cerca de dos tercios del total y no optan a firmar un contrato profesional. Por tanto, del número inicial de federados nos quedaremos con unos 400.000.
De esta forma, únicamente un 2% de los que consiguen superar el nivel juvenil (8.000 de esos 400.000) llegarán a ser considerados profesionales. Y si tenemos en cuenta que un 34% de los profesionales en España son extranjeros, las opciones para un jugador nacional disminuyen hasta el 1,4% (apenas 14 de cada 1.000). Y repito, más de la mitad de ellos no podrán vivir únicamente del fútbol.
Hoy en día es prácticamente imposible dedicarse al fútbol a partir de cierta edad, pues ciertas barreras bloquean la entrada. Esto requiere haber entrenado todas las semanas de tu vida desde que eres un chaval hasta la etapa juvenil, donde aparece el verdadero muro: pasas de competir con gente de tu edad a una absoluta batalla campal por unas cuantas plazas. Y todo esto, sacrificando tu futuro por una mínima posibilidad.
Las academias te exigen una lista interminable de requisitos para siquiera intentar llegar: condición física excelente, entrenamiento técnico constante y diario, disciplina inquebrantable, nutrición estricta, resiliencia mental y conocimiento táctico.
Sin embargo, ni teniendo todo eso podemos asegurar que llegues a ningún lado. ¿Por qué? Porque entran en juego variables que no controlas:
Entrar directamente a la cantera por recomendación es bastante más sencillo (y me habría ahorrado un rato largo de escritura). Muchos hijos de futbolistas gozan de una posición de poder; tienen una preparación envidiable, sí, pero también facilidades de acceso que para otros se antojan imposibles.
Según estudios del CIES, es más probable llegar a ser jugador profesional si has nacido en los primeros meses del año. En edades tempranas, donde el nivel no es tan alto, suelen premiarse las capacidades físicas. Así, un jugador nacido en enero tiene más probabilidades de desarrollarse físicamente antes que uno nacido en diciembre. Tanto es así que los principales clubes tienden a escoger a estos chicos, en detrimento de otros muchos que pudieron ser mejores, pero se quedaron en el camino.
También se puede aplicar el principio de Peter al fútbol: “todo empleado tiende a ascender hasta alcanzar su nivel de incompetencia”. Llega un punto en que las responsabilidades u obligaciones dentro del campo como futbolista a cierto nivel superaran las capacidades, causando la imposibilidad de seguir ascendiendo.
Seguro que has oído a Gladwell decir que con 10.000 horas de práctica dominas cualquier cosa. Malinterpretó a autores como Anders Ericsson, quien hablaba de «práctica deliberada», no de echar horas sin sentido.
En 2014, la investigadora Brooke Macnamara analizó 88 estudios y concluyó que, en el deporte, solo un 18% de la mejora es explicable por la mera práctica. Queda un 82% que no puede explicarse a través del trabajo duro, evidenciando “Que la práctica y trabajo haga mejorar no significa que haya que despreciar el talento”.
Como explica David Epstein en Amplitud, no es lo mismo aprender en un ambiente «amable» (como el ajedrez, donde los movimientos son predecibles) que en un ambiente «malvado» como el fútbol, donde es imposible medir todos los parámetros y cómo varían. ¿Si le dedicas 10.000 horas serás bueno? Seguramente. ¿Serás profesional? Hay una barrera genética, también explicada por Epstein en El Gen Deportivo que te lo puede impedir.
Nadie te habla del fracaso. Los buenos momentos deportivos opacan los más oscuros.
El modelo de Bernard Weiner explica cómo atribuimos los resultados a cuatro factores: esfuerzo, capacidad, dificultad y suerte. En el deporte, se ha tendido a olvidar el rol de la suerte. Pero como señala el sociólogo deportivo Steve Aicinena, la suerte es con frecuencia el factor determinante: desde nacer en una zona futbolera (suerte moral) hasta jugar bien justo el día que va el cazatalentos (suerte simple). Trabajar más duro no garantiza ganar un partido donde influyen lesiones, reacciones de los jugadores, la actuación del árbitro o un cambio de clima. Aún menos durante una carrera en la que afectan factores externos como la falta de confianza propia y problemas familiares o amorosos. Un mal momento lo tiene cualquiera. Y no hay que olvidar que detrás de cada jugador hay una persona con problemas como cualquier otra.
Dice Gunnar Breivik: «Un deporte sin suerte degeneraría en una medición científica de capacidades físicas y estratégicas».
Después de hundir los sueños de muchos chavales, lo único que queda por decir es que, si has llegado hasta ahí, lo más probable es que no haya sido únicamente por tu trabajo. Y, sobre todo, sin dar tu máximo, sin dejarte la piel, aunque no salga bien, nunca sabrás cuán lejos eres capaz de llegar. No hay nada tan satisfactorio como haber hecho todo lo que has podido por una causa verdaderamente importante para ti.
Porque en el fondo, como decía Calderón:
¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
